El consejo general del Instituto Federal Electoral en su sesión ordinaria.....
Descargar Documento.
Ver Documentos. Semblanza de Jóse María Luis Mora (1794-1850).
Continuación.
El 3 de marzo de 1824, el Congreso Constituyente del estado de México inició sus sesiones en el Palacio de la Inquisición de la ciudad de México. Además de sus trabajos consagrados a la redacción de una constitución y al establecimiento de un sistema fiscal y hacendario, de la redacción de una ley electoral, del establecimiento de los fundamentos de un sistema judicial completo con regulaciones pormenorizadas en materia de proceso jurídico y criminal, así como de una ley sobre los municipios, el congreso fue blanco de una gran cantidad de peticiones locales y solicitudes insignificantes. En medio de la confusión que trajo consigo la Independencia, el Congreso hacía las veces de virrey, audiencia e intendente a juicio de los ciudadanos y las comunidades.
En los debates Mora desempeñó un papel fundamental y se alzó como jefe intelectual pues, en la mayoría de los casos, sus opiniones se impusieron. Era presidente de los dos comités fundamentales: de legislación y constitución.
Fueron tres las esferas de interés especial para este Congreso: la organización del gobierno municipal, el establecimiento del sistema judicial, particularmente la introducción del juicio mediante jurado, y la composición de una ley electoral.
En mayo de 1830 Mora comenzó a escribir un ensayo sobre México, que tenía como modelo el “Ensayo político sobre el reino de la Nueva España” (1811) de Alexander von Humboldt. En él comentó en forma pormenorizada la Constitución de 1824. Aunque conservaba una fe en el sistema constitucional, había hecho su aparición un nuevo espíritu de análisis realista. En él iban a la cabeza de la lista dos nuevas preocupaciones: la reforma del artículo 3°, que daba lugar a la intolerancia y aseguraba la protección oficial de la Iglesia Católica Romana y, la supresión del artículo 154 que perpetuaba los privilegios jurídicos del clero y de los militares. Su objeción al artículo 154 constituye el meollo de su nueva manera de considerar la Constitución. Este artículo simbolizaba para Mora el abismo que mediaba entre la realidad social mexicana y un orden jurídico liberal y republicano.
Lo que había cambiado en 1830 eran las ideas en torno a la manera en que se podía alcanzar el progreso liberal. Era la sociedad, ejemplificada por estos vestigios del pasado, lo que ahora debía reformarse. El término “institucional” poseía ahora un nuevo significado social para Mora, como no lo había tenido en la década de 1820. Reconoció que, de la multitud de cuerpos privilegiados que habían existido en el México colonial, los únicos que aún conservaban privilegios políticos eran la Iglesia y el Ejército. Estos cuerpos ejercían una suerte de tiranía sobre los miembros de la sociedad, que inhibía la independencia personal y el desarrollo de una comunidad de ciudadanos que disfrutaban de derechos y obligaciones iguales. En la década de 1830, Mora había llegado a la conclusión de que la mayoría de los males del país tenían su origen en los órdenes privilegiados que debían ser suprimidos.
La nueva orientación de Mora venía acompañada de una diferente interpretación del proceso político desde la Independencia. El anticlericalismo constituía la base de este programa de reformas: la desamortización de los bienes de la Iglesia; la desmembración de los monasterios y la difusión de la educación pública laica. A mediados de la década de 1820, el progreso estuvo representado por los gobiernos de los estados, y la reacción por el clero y los militares, siendo el gobierno central un poder neutral moderador. En la nueva concepción que se había formado Mora acerca de la historia reciente, el régimen de Bustamante representaba el ascendiente del clero y de los militares y el sometimiento de los estados.
Los hombres del progreso llegaron por fin al poder en abril de 1833, “la primera vez que en la República se trató seriamente de arrancar de raíz el origen de los males. . . y de sentar las bases de la prosperidad pública de un modo sólido y duradero”. Los principios del régimen de Gómez Farías eran “las tendencias generales e irresistibles del mundo civilizado”. Gómez Farías encabezó un gobierno revolucionario, consagrado a reformar la sociedad de corporaciones a favor de la libertad individual.
El blanco principal del programa de reforma de 1833 fue la Iglesia, que era la institución más poderosa de la sociedad. La Iglesia se negaba a reconocer que el nuevo gobierno civil tuviese la fuerza o que mereciese el respeto de los monarcas españoles. El problema principal a que se enfrentaban los liberales era el de recuperar la soberanía del Estado y su principal antagonista era la Iglesia. Mora recalcó que su ataque contra “los abusos y la superstición” y “la ambición y la codicia de los ministros del altar” no constituía un ataque contra la religión. En su opinión, los anhelos reformistas estaban siempre acosados por el hecho de que se le podía hacer creer fácilmente al pueblo que las creencias religiosas y las pretensiones clericales eran una y la misma cosa.
Respecto al ejército, Mora consideraba que “La parte más considerable de los desórdenes políticos y de la desorganización social de la República Mexicana, depende de la milicia considerada como clase privilegiada”. El soldado privilegiado se portaba insolentemente con la justicia civil, cometía toda suerte de delitos civiles con impunidad, las levas bárbaras de los soldados causaban gran terror en el campo.
La inevitable “reacción de los fueros” en contra del régimen de Gómez Farías se produjo en mayo y junio de 1834, y la encabezó el propio presidente Santa Anna quien expulsa de su gabinete a los reformadores. La labor de “limpieza” política fue rápida y efectiva. Mora cerró El Indicador el 15 de mayo de 1834, quejándose de que Santa Anna se había echado para atrás en el programa reformista. Renunció a la Junta de Instrucción Pública el 11 de junio, tres días antes de que el Ayuntamiento de la ciudad de México aclamase como héroe a Santa Anna. México aclamase como héroe a Santa Anna.
Como consecuencia de la situación política nacional, a fines de noviembre de 1834 Mora decide partir hacia Europa, en donde permanecerá hasta su muerte. La salida de Mora y Gómez Farías cerró un capítulo en la crónica de la política liberal.
José María Luis Mora vivió el resto de sus años en el exilio. Mantuvo contacto con México a través de una amplia correspondencia. Es en París en donde publica los tres primeros tomos de su obra “México y sus revoluciones” (1836) y sus “Obras sueltas” (1837). En 1846, el gobierno recientemente establecido de Valentín Gómez Farías, lo nombra embajador de México en Inglaterra desde donde su valiente pluma y su espíritu liberal, escriben en contra de la invasión de Estados Unidos a nuestro país. En medio de los desconcertantes acontecimientos de 1947-1949, los gobiernos liberales volvieron su mirada hacia el hombre que había sido el jefe intelectual del anterior movimiento de reforma. Así, desde el exilio, Mora brindaba consejos sobre cuestiones políticas a los ministros de Relaciones de aquella época: Mariano Otero y Luis de la Rosa. Mora falleció en París, el Día de la Bastilla, en 1850. Sus restos mortales fueron trasladados a México en 1963 en donde se depositaron en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores.
Lorem ipsum dolor sit amet, consec tetuer adipiscng elit. Praeset vestibulum molestie lacusaen eanonummy hendrerit mauris. Phaseusra Fusce suscipit varius mi. Cum sociis natoque penatibus et magns dspar
Donsec tetuer adipiscing elit praesent vestibulum

